DESCRIPCIÓN:
Ingratos, olvidamos la tierra que sostiene cada uno de nuestros pasos, y hace falta un terremoto para recordarnos la necesidad de su soporte diario y discreto. Pero ¿qué decir del aire? También es a través de la nariz como nos aferramos a la vida y nos mantenemos en pie. Nuestra relación con el aire, el más tenue, el más impalpable de los elementos, es también la más interior. Se infiltra en nosotros, se casa con nuestro pecho, salvándonos a cada minuto de la asfixia y conectándonos con selvas remotas. Como decía Rainer Maria Rilke en uno de sus Sonetos a Orfeo: “Respirar, ¡poema invisible! / Incesante rodea al propio ser, / en puro intercambio con el universo…” Por cierto, sin aire, ni la música ni la palabra podrían transmitirse. Es el medio diáfano, la vía de las voces, el soporte de la melodía. Por eso con el aire se compara el Espíritu. Pero también el demonio. San Pablo habla de él como del “príncipe de la potestad del aire”. Porque se da aires —los del orgullo y las ínfulas.
El reto de este taller será de escribir sobre el aire, es decir describir un perfume, un soplo, una atmósfera, una ausencia, un timbre de voz o de instrumento, un ala que se apoya en el viento, y acercarse a una fenomenología de la discreción elemental.